Las caídas son situaciones imprevistas, pero nuestra reacción ante ellas puede marcar la diferencia entre un susto y una lesión grave. Para un usuario de prótesis de miembro superior, el instinto natural de "poner las manos" para frenar la caída es peligroso. Una prótesis rígida no amortigua el impacto; actúa como una palanca que puede fracturar el hueso residual o destruir el costoso mecanismo del dispositivo.
A diferencia de un brazo biológico que se flexiona para absorber energía, la prótesis es rígida.
El Instinto a Corregir: Tu cerebro querrá extender ambos brazos hacia el suelo. Debes reentrenar este reflejo.
La Técnica de Protección: Si sientes que vas a caer, tu prioridad es llevar el brazo protésico hacia tu pecho (abrazarte a ti mismo).
El Impacto: Intenta rotar el cuerpo para aterrizar sobre el lado sano o rodar sobre la espalda/hombro (técnica de paracaidista). Nunca caigas con el brazo protésico extendido y rígido contra el suelo.
Una vez en el suelo, la forma de levantarse debe ser metódica para no sobrecargar el hombro protésico.
Paso 1: Evaluación. Tómate un momento. Verifica que no haya dolor agudo en el muñón ni daños visibles en la prótesis.
Paso 2: Posición de Seguridad. Rueda hasta colocarte boca abajo o de lado, apoyándote sobre el lado sano.
Paso 3: El Triángulo de Apoyo.
Coloca la mano sana firmemente en el suelo.
Flexiona las rodillas para apoyar el peso en ellas.
Usa la prótesis solo como punto de equilibrio (apoyando el antebrazo plano, no la punta), sin cargar peso real sobre ella.
Paso 4: Impulso. Empuja fuertemente con la mano sana y las piernas para incorporarte hasta quedar de rodillas, y luego ponte de pie.
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